miércoles, junio 20

Rompiendo lanzas (Parte II)

Vuelvo a la andadas, a mi espiral de indignación.
Si en la última entrada la defensa se centraba en las apariencias, ahora le toca el turno a la música.
En concreto a un grupo al que última y extrañamente estoy muy unida.
No son mi estilo, no es lo que acostumbro a oír. No daría un duro por ellos, no me molestaría en buscar su nombre.
Y a qué se debe este rechazo frontal? Hay alguna justificación?
La Fama. La maldita mala fama que los precede, que los anuncia mucho antes de que abran la boca.
Tachados de ignorantes, de barriobajeros, de vulgares, groseros e incultos.
Censurados en su propio país.
Mal vistos por el poder norte del planeta.
Quién apostaría algo por alguien con semejante tarjeta de presentación?
Pues yo sí.
Y es ahí cuando me asombro, cuando me maravillo. Cuando veo más allá. Aparecen vídeos, letras e información.
El grosero resulta ser, según el nada desdeñable diario The New York Times "el primer intelectual que llega al estrellato del género reggaetón"
Venga, lo estáis deseando. Echaos las manos a la cabeza, invocad a vuestros dioses, sacadle el polvo a la horca.
Pero no cambiaría ni una palabra de lo que he dicho. No confundamos términos. Mas bien conceptos. Una cosa es la basura, las radiofórmulas más que masticadas que nos bombadean cada verano y que se basan en tres pilares: Ritmos machacones, letras estúpidas y continua denigración de la mujer.
Otra cosa es lo que hacen estos chicos. No voy a hablar de los premios, que podría, 12 Grammys creo que son testigo suficiente.
No voy a hablar de la legión de fans a lo largo de un Continente.
No voy a hablar de letras contundentes, satíricas, críticas, ácidas y directas.
No voy a hablar de su estilo, porque carecen de él. Su música es su tierra, una mezcla explosiva de ritmos y sensaciones.
No voy a hablar más. Es su turno.




Residente/Visitante, nos vemos el día 10 de agosto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario