Respiré por fin el aire de mi propia superficie, llenando mis pulmones de libertad. Abrí mis ojos hacia el nuevo mundo que se me presentaba. Descorrí el pestillo de mi puerta, deseché mi llave de la esclavitud. Tiré mis problemas por el balcón. Obstruí con un cerrojo el cajón de los recuerdos.
Pero mi droga no me deja escapar de sus oscuras garras.
Se cuela en mis sueños, inunda mis pensamientos. Me persigue cuanto más rápido huyo, cuanto más lejos me escondo. Me espera en callejones sin salida, me encuentra en mi soledad. Me busca en mi propio miedo y se alimenta de mi desesperación. Aparece cuando menos me lo espero, y me vacía el cuerpo, llevándose mi alma como antaño.
Pero es mi droga, siempre va a estar ahí, creándome una adicción incontrolable, deseando estrecharme entre sus delgados brazos y perderme en sus finos labios. Siempre me buscará, y siempre me encontrará. No importan los años, meses, días o segundos que pasen, siempre volverá a mi. Tampoco interesa en qué lugar me encuentre, siempre me hallará.
Aunque haya cambiado de dirección, aunque no tenga sus cadenas, aunque llegue a encontrar algún día mi felicidad, la droga es una adicción, y volverá de nuevo, llenando mis pulmones de ella. La desearé como nunca he deseado nada, la miraré y juraré que será mía para siempre. El cajón cerrado se abre y los recuerdos se explayan por mi mente, dejando en la inconsciencia a mi mente. La anhelaré entre mis sábanas de nuevo.
Es entonces cuando nos miramos cara a cara, a los ojos. Sin miramientos. Han pasado años, pero la deseo, fervientemente. He cambiado, pero ha conseguido encontrarme. Me enfrento a ella, intentando no sucumbir, pero su olor, su tentación, sigue latente, marcando el sonido de la pulsación de mi corazón. Y es entonces cuando entiendo que ella es mía, mi droga, tanto como yo soy su droga para ella; y que voy a tener que vivir con ella toda mi vida, sorteándola, evitándola, eludiéndola, igual que ella ha de vivir con mi presencia el resto de sus días. No desaparecerá, sólo puedo continuar viviendo con ella en mi alma y mi corazón, un oscuro pasado y una negra sombra entre la comisura de mi sonrisa. Siempre estará conmigo. Mi droga.
Porque sino está conmigo, nos destruiremos la una a la otra para siempre.
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