domingo, diciembre 30

Grateful

Miras a tu alrededor, y sientes que la vida no ha avanzado ni un paso desde ayer.
Todo sigue en su sitio.
La televisión sigue hablando, pero no la escuchas, conoces el discurso.
Las calles siguen llenas, la gente camina inmersa en los cuellos de su camisa.
Tu casa acumula polvo. Tu alma también.
Y es entonces cuando notas el peso. Peso que comienza en las sienes, tapona los oídos y desciende lentamente por la garganta, con ese sabor amargo tan familiar, para finalmente, depositarse en el lado izquierdo del pecho.

Melancolía.

Pero hoy no dejarás que se apodere de ti. Hoy no. Saldrás de la cama, tirarás las sábanas de una patada y correrás las cortinas. Hay luz. Siempre la ha habido.
En la televisión suena tu canción favorita.
Las calles están vacías, te están esperando.
Tu casa nunca te ha parecido tan acogedora, es el reflejo de tu alma.
Y el peso se aligera, se escurre por tu espalda, lentamente, desapareciendo.

Que todos tus días sean así.
Estás vivo. Vive.

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