Ella es especial. Tiene algo inusual en la mirada, una mirada profunda, oscura y castaña, enmarcada en unas pestañas alquitranadas, largas. Mirada que enamora, que enloquece, que transmite lo que su fina boca calla. Sus ojos hipnotizan y sintonizan la belleza que emana de su rostro. Rostro redondo, sonrisa afable, dulce, suave, que ilumina mis días, rosadas mejillas enmarcadas por el sedoso pelo castaño dorado con reflejos de luz en el cabello, largo, muy largo. Deleite infrecuente, hermosura destilada por todos los poros de la piel suave, cálida, amable. Risa que detiene el tiempo, que llena silencios, que rompe barreras, que me hace feliz. Ella es especial.
Ella es especial, dulce, ella es dulzura. Es agradable, bondadosa, modesta. Es preciosa. Un ángel enviado desde cielo para convertir mi invierno en una cálida primavera. Es la calma en la tempestad, un pilar que sostiene mi inestable vida, un terremoto en la quietud. Rompe mis esquemas, varía mis pensamientos, inunda mis sentimientos. Ella es especial.
Ella es especial. Me soporta día a día, hora tras hora. Mis manías, mis delirios, mis extravagancias. Apacigua mi ser. Me tranquiliza, me sostiene, me tolera. Me complementa, me añade, me yergue, me llena. Ella es especial.
Y es hoy, tras un año de nuestra increíble amistad, que me doy cuenta que te necesito. Que quiero que cuando vaya a clase, tú estés en tu pupitre de siempre esperando mi llegada. No quiero que esto acabe nunca. Que si tengo que ir a una discoteca alternativa, que tu vayas conmigo. Que si quiero saquear la Fnac, que tú me ayudes a ello. Que si quiero ir al cine, que tú seas mi acompañante. Que si destruyo mi dignidad, que tú la anules conmigo. Que si tengo que llevar la contabilidad de una empresa, que sólo sea contigo. Si debo hacer un supuesto de negligencia médica, que tú seas mi supuesta abogada. Que si tengo que fomentar la economía de la empresa de botas de montaña, tú aportes beneficios y soluciones al problema. Que si tengo que incapacitar a una persona jurídica, que seas tú quien determine la sentencia en el registro civil. Que si quiero una tutoría, que tú nos la pidas. Quiero seguir haciendo contigo supuestos de un futuro que nunca existirá en nuestro idílico piso, juntas en Quevedo. Quiero que cuando te sientas feliz, lo compartas conmigo, y que cuando estés triste, que mi compañía apacigüe tu soledad.
Te quiero Cris, docta colega, hoy y siempre.

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