lunes, mayo 28

Rompiendo lanzas.


Extravagantes. Excéntricos. Singulares. Raros.


No es la primera vez que he escuchado estos adjetivos, u otros peores, cuando se habla de esta familia en la prensa, televisión o internet.
No es la primera vez que arqueo las cejas, frunzo el ceño y pienso : "No vamos a cambiar nunca"
Estoy harta, aburrida y cansada. 
Cansada de los prejuicios, del peso de la apariencia, de la falta de originalidad del mundo.
Estamos instalados en la monotonía, vivimos confortablemente en ella. No probamos, no arriesgamos, NO GANAMOS, NO PERDEMOS.
Por mucho que nos autoconvezamos de que somos una sociedad seria y avanzada, seguimos pagando millones de euros a personajes que viven única y exclusivamente de su imagen. Los idolatramos, los veneramos, queremos ser como ellos. Y se ríen de nosotros. Normal, yo también lo haría.
Todas las generaciones han tenido cánones, patrones estéticos que nos azotan y nos obligan, inconscientemente, a ser todos iguales. ALIENACIÓN.
( Y ahora es cuando os lleváis las manos a la cabeza pensando, tanto te han afectado los exámenes, Natalia?)
Pues sí. Será que tengo más tiempo para pensar.
Estoy harta, aburrida y cansada.
Cansada de la falta de personalidad que golpea nuestros días, de las personas grises, de las chicas Zara. 
Y lo peor de todo, estoy cansada de mí misma, porque muy a mi pesar, soy un engranaje más en esta cadena, y, en cuanto me descuide, volveré a caer en la tríada que rige nuestros días: CONSUMISMO, HIPOCRESÍA Y FANATISMO.
Es por este motivo que hago esta entrada. Para romper una lanza a favor de los Burton. Una lanza a favor de toda esa gente que está por encima del-qué-dirán, y que se desmarcan del resto, ya no tanto en la estética, que es lo menos importante, sino en TALENTO, CREATIVIDAD E IMAGINACIÓN.
Esas tres cosas de las que estamos tan escasos. Esas tres pequeñas cosas mágicas que tienen el poder de cambiarlo todo. Tenéis toda mi admiración y respeto.

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