Gracias, queridas. Os habéis pasado mi turno por vuestro gran y profundo forro. Si el mote de agujero sin fondo no estuviese ocupado, os lo aplicaba a vosotras.
Yo también os quiero.
Alguien dijo una vez la célebre frase " Un clavo saca otro clavo"
Si ese ilustre y refinado individuo yaciese aquí mismo, delante de mí, le arreaba tal gancho que mi profesor de boxeo estaría orgulloso.
Ese primer clavo que se ha aposentado sin permiso, cual okupa, en nuestro corazón. Nos duele, sí, pero nos hace sentir las cosas más intensas que jamás hubiésemos imaginado que podrían existir. Nos exalta, nos deslumbra, ¿que esperábamos? es guapísimo.
Pero en esta pequeña y dulce historia, tan perfecta que no podría ser real, ese mismo clavo nos atrapa en un laberinto sin salida; nos apuñala, nos hiere...
Y entonces llega otro clavo, más dulce, más increíble, más guapo. Y nos gusta si, ¡vaya si nos gusta! Pensamos, o más bien, nos autoconvencemos que no pasará lo mismo esta vez, que has aprendido de los errores, que él es distinto, nunca te haría tanto daño. PERO NO. Este duele, y mucho más.
Pero aprendes a vivir, los días pasan, y aunque eres consciente de que estás desperdiciando momentos de tu vida, nos da igual siempre que tengamos a nuestro lado una tarrina de helado o en su defecto chocolate.
¿Qué somos?
somos víctimas de una aventura unilateral, somos los malditos de los seres queridos, los seres no queridos, los heridos que se valen por sí mismos, los discapacitados sin plaza de aparcamiento reservada. Sí, os está escribiendo una de ésas personas.
Pero no vamos a sufrir más. Es todo físico, ¿no? ¿Por qué los yogures tienen que ser tan ricos?
Retrasmitiendo la rubia, desde su corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario